“El deseo es proceso, ni idea ni estructura”
Gilles Deleuze
(*) Montaje o ensamblaje
El cuadro de situación nos manifiesta la existencia de una ciudad que en su búsqueda o afianzamiento de la identidad, esta cediendo su propia ambición como urbe, al antojadizo destino de lo caótico o cuasi planificado.
La carencia de un plan urbano, la débil consolidación del hecho urbano y la poca participación de la comunidad en las decisiones políticas, conforman un panorama desflecado y mediocre para una ciudad de la envergadura de Pergamino
Al no poseer el andamiaje estructurador que brinda la arquitectura reflexiva o un urbanismo pensado, se prolonga este diagnostico de ciudad detenida, a la deriva en el mar de todas las dudas.
Hoy por hoy el factor mas excluyente en el completamiento urbano es una cierta improvisación entendida como política de construcción de espacios; que se muestra de esta manera como un proceder que denota una carencia en el trabajo disciplinar, tanto que por ello se acometen simplemente cosméticas urbanas, cambios superficiales que al fin y al cabo apuestan al interés de otras actividades pero que en realidad no suman a la consideración del hacer ciudad.
Al vacío de contenidos de la obra pública se le suma la acumulación de imágenes simbólicas pertenecientes a una estética consumista y del espectáculo, son espacios que solo sorprenden a primera vista, envejecen antes de nacer manteniéndose como ruinas modernas sin la historia de vivencias compartidas con y para la gente.
Se vuelven exigencias creativas que actúan a modo de “parches” en el territorio, pero que no cumplen ni el completamiento ni la consolidación de la ciudad; se recorre un camino donde lo novedoso, tanto superficial como usable, requiere el atractivo de lo efímero, aquello que une el presente pero no denuncia el futuro, es lo que nos pasa con la fisonomía urbana, desprotegida por quienes deben proponer, vencida por intereses de otros campos de acción o por el mercado que la alejan de consolidarla como un paisaje posible para el desarrollo de lo social, económico y cultural .
Por ello la ciudad debe convivir con sus múltiples voces, necesita en su expansión de un discurso que sume para que sus espacios sean constituidos por las urgencias del compromiso social necesario en todo hábitat humano.
Se debe repensar el camino, generando una propuesta donde al decir de Jacques Derrida, el acontecer resulte el establecimiento de un lugar habitable, entonces así podremos pensar el espacio como un lugar donde siempre algo sucede, donde se encuentra aquello que acontece, en definitiva estar en presencia de la materialización del tiempo, a modo de intento de habitar y pensar el deseo.
La ciudad espera, siempre lo hace, como si su derivar fuera la calma que sigue a la tormenta, de ideas, de sueños, de nuevas realidades…
“el poeta de lo vago, puede ser solo el poeta de la precisión” arq. Peter Zumthor.
Entonces debo decir…
El extraño artificio de crear, inventar o simplemente dilucidar la arquitectura es un proceso activo de poca convocatoria y difícil de llevar a cabo en la actualidad; esta situación es marcada por tendencias que reflejan el accionar de un tipo de sociedad cuyos valores implican rangos diferentes y disímiles de ser considerados en un mismo estadio o momento de la problemática.
La exposición lógica de las necesidades que envuelven al habitante natural de las ciudades se conjuga con el tipo de cultura actuante en dicho actor, permitiendo atender casos extremos de sensibilidad consumista o planteos atemporales en cuanto a pautas disociadas con la forma de vida real, conjugados entre sí con la desorganización de todos los actores del proceso constructivo, además de la falta de oficio heredado y la pobreza tecnológica enfundada tras los sistemas de construcción llamados tradicionales, impensadamente repetidos en el tiempo.
Por ello al llegar, cuando es un presente, el acto creativo se manifiesta limpio de toda impureza, de manera pensada, para salir al encuentro del problema real, así lo resuelve y hasta plantea nuevas prerrogativas aunque en el cambio de estado de situación va perdiendo o haciéndose permeable a la resolución pronta y simple como respuesta social, de esa manera queda aislado porque el arquitecto opta por lo convencional y rebuscado, por lo abundante y mal echo, en definitiva por la aceptación rutinaria del “MAS DE LO MISMO”, entendido este como la forma de elección automática de cosas y elementos sin precisión alguna.
El proceso se enloda, intelectual y materialmente, confundiéndose el problema a resolver con cuestiones de moda, anacronismos y estéticas importadas, mala calidad constructiva, costos magros para importantes emprendimientos, economía constructiva alterada por usos y costumbres “a la moda”, pésima relación establecida entre los tiempos de idea/ejecución o de problema/obra, etc.; que al ser conjugados con otros aspectos, nos darían la medición exacta de esta realidad que nos atosiga, a nosotros los profesionales porque estamos encargados del futuro de nuestras ciudades y al habitante común porque es el responsable asociado en la construcción de dicho mundo futuro.
Cuando la respuesta equivale a un resultado ignoto, anónimo y cuasi facilista, el conjunto de las partes adoptan una inquietante actitud: la de paternizar los aciertos y esclavizar en el “otro” los errores, considerando por ultimo que el quehacer arquitectónico no existe o no se acepta por el común de la gente. El incongruente resultado no supera lo meramente anecdótico y por supuesto relega al profesional en todos sus aspectos de vigencia y responsabilidad como tal.
Y la ciudad, en estos dias, solo resulta una sumatoria de “cosa” construida, amorfa, deshilachada y con un aceptado gusto que sabe a lo que no tiene sal.
(*) Montaje: Operación que consiste en unir distintas piezas de un objeto.
Ensamblaje: Operación que consiste en el encaje o encastre de una pieza en otra para formar un todo.
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